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Descuidando lo mejor de la patria

Pascual Ramos

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Pascual Ramos | ACTUALIZADO 10.01.2018 - 11:04 pm

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En las décadas de los 60, 70 y parte de los ochenta; se hizo popular el decir, que: “En el campo se vive mejor”. Esto debido, interpretando un poco el sentir de la época,  a la gran cantidad de personas que habitaban en las comunidades pertenecientes a la zona rural del país, entre los años 1960 al 1988, aproximadamente; los que hacían de esos lugares, escenarios de sano convivir, al sentirse orgullosos de sus cosechas y de poder encontrar recursos de sostenibilidad familiar, en su pedazo de tierra.  
    
Se puede entender con lo indicado, que la existencia de mano de obra, por ejemplo, era suficiente para trabajar en los denominados: conucos, cafetales, fincas de ganados, crianzas de cerdos y gallinas; entre otras actividades que hacían del campo dominicano, un espacio donde se podía vivir, sin sentir la necesidad de migrar a las ciudades, como lo que está ocurriendo de un tiempo a esta parte. Es decir, desde 1988, hasta el presente inicio del 2018; fenómeno social con perspectiva de continuidad.
   
El éxodo campesino ocurre, por la falta de caminos vecinas apropiados para el transporte de los productos agrícolas. Se une a esto, la ausencia de un personal técnico profesional, que garantice calidad de vida adecuada, para los laboriosos hombres y mujeres del campo; que manifiestan han tenido que dejar su lugar de origen, para no morir antes de tiempo.
   
Es penoso decir, que en República Dominicana hay localidades deshabitadas; bajo la mirada indiferente de aquellos que se vanaglorian del poder político, asegurando que ellos conocen el país, centímetro a centímetro y metro a metro, porque han caminado de palmo a palmo, la geografía nacional; constituyéndose lo afirmado, en  argumentación clave, para que de una vez y por toda,  la teoría discursiva, se haga realidad en un asunto que pudiera ser punto número uno en la agenda presidencial de la nación.
   
En los terrenos de las comunidades campesinas dominicanas, se pueden cultivar la mayoría de los productos agrícolas del consumo de la llamada canasta familiar de la población nacional e internacional; por lo que se sugiere dedicar una buena parte del presupuesto, al cuidado y protección de la zona rural del país.
   
Se considera, en conformidad con estudios de suelos, que gran parte del territorio nacional, cuenta con las mejores tierras del mundo, para la siembra de: Arroz, habichuela, maíz, maní, gandules, banana, ahuyamas, berenjenas, mango, aguacate, naranja, café, cacao; entre otros productos. Así como también, la diversidad del denominado cultivo de hortalizas. Y para completar el rosario de virtudes, el entorno geográfico rural, reúne todas las condiciones para el desarrollo de la ganadería, crianza de chivos, cerdos y gallinas; al por mayor y detalle.
   
Lo que quiere decir, que no se explica el por qué del descuido a que se está sometiendo la zona rural de la República, por parte de las autoridades gubernamentales del país; e incluso hasta del sector privado, teniendo el conocimiento de los cuantiosos beneficios que se pueden generar, de poner en ejecución un plan agresivo de cuidar y proteger las localidades campesinas dominicanas; que como se sabe, han sido abandonas/olvidadas.    






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