17 Octubre 2018 10:23 AM

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Dios hace originales, no copias

Luis Alberto De León Alcántara

Luis Alberto De León Alcántara

Luis Alberto De León Alcántara | ACTUALIZADO 10.01.2018 - 7:03 pm

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Hoy se conoce bastante el mundo de la falsificación. Lo que se dedican a este negocio, no solo se limitan hacerlo con el dinero y las tarjetas de crédito, sino que además, incluyen marcas de perfumes, ropas, entre otros intereses humanos. El punto está en que ya mucha gente no quiere esforzarse ni tampoco crear iniciativas para fabricar algo nuevo. Es decir, se ve poco esfuerzo en hacer funcionar el cerebro para lograr algo original, prefiriendo seguir el camino de otros, repitiendo lo mismo patrones de conductas.  
   
Sin embargo, tenemos que tener presente que los seres humanos al ser creados a imagen y semejanza de Dios, somos únicos e irrepetibles. Nuestra naturaleza no tiene por qué envidiar otras acciones humanas. Todo lo contrario, gozamos de la facultad de mejorar cada vez más nuestra mismidad, de poner a producir los dones y talentos que hemos recibido por gracia divina. Y dicho privilegio, nos tiene que llevar a repensar el hecho mismo de que no necesitamos aferrarnos a los logros y éxitos de los demás para alcanzar felicidad y bienestar en la vida.
   
Es penoso observar cómo lentamente se va muriendo la creatividad en muchos jóvenes y adultos. Cómo el desencanto, la pérdida de sentido y un cansancio psicológico mata paulatinamente el espíritu de superación, dejando que el don depositado en el interior del ser humano se oxide, quede obsoleto. Influenciado por un mundo y una sociedad que le roba la identidad al hombre,  su criterio propio, y lo conduce a mirar a los otros como rivales; competidores por la excelente, y no como hermanos de un mismo Dios.
   
Cuando no se comprende que Dios crea originales y no copias, las perspectivas humanas son sin color, vividas a muros blanco y negro, de individuos que dirigen todo su interés motivos por una concepción relativista, donde todo le da igual. Donde no se distingue el fracaso del triunfo, sino simplemente se está en el mundo como algo y no como alguien. En otras palabras, se pasa de ser Hijos de Dios, a ser puras marionetas que se dirigen hacia dónde van la mayoría, y no son conscientes que la capacidad de razonar e interpretar los acontecimientos humanos es lo que nos distingue de los animales y de las plantas.
   
Es fácil vivir como copias, únicamente hay que dejarse llevar por el viento. Pero como en el fondo todos tenemos una identidad, una personalidad definida, que solo debe ser descubierta y valorada, esto hace que no nos cansemos de recordarles a los demás, que los conocimientos y la valoración de sí mismo, jamás se mendigan, no se suplican, porque está en nosotros. Por tanto, es justo y necesario, seguir luchando para que las personas reconozcan la mano de Dios en sus vidas, para que de este modo, no confundan la felicidad con un bienestar momentáneo ni mucho menos con un estado de tranquilidad conformista que los mantiene como parásitos sociales, en vez de impulsarlo a descubrir el valor humano que poseen en sí mismo.  



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