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“Cría cuervos”

Lincoln López

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Lincoln López | ACTUALIZADO 10.01.2018 - 7:02 pm

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Nunca quiso escucharme. La cultura es el eje transversal de toda transformación revolucionaria. Un pueblo sin cultura…solamente podrá aspirar al cemento armado y al último modelo de carro. La nueva clase media olvida pronto a quién posibilitó su ascenso y se convierte en estrella semanal del supermercado. La competencia empieza a ser la ideología de los mass media y el vestido de marca se transforma en su piel.
   
Dios es el mercado. El centro comercial, la nueva iglesia y el cliente es su esclavo fiel. La honradez, la lealtad, la solidaridad son lobos esteparios arruinados. El pueblo, gordo de avaricia, tambaleándose en la nueva realidad, no sabe qué hacer con lo que tiene, le han caído del cielo los hospitales, las universidades, las carreteras, el trabajo, el sueldo mensual, las pensiones.
   
Ahora se puede carajear. Ahora se puede insultar. Solazarse y manifestar su ego escondido. Ahora nadie le ningunea. Puede hasta dilapidar y enseñorearse y pervertirse porque es su derecho. Nadie le quita su derecho. El Estado vigila y propone su derecho. Se le entregó el pez sin enseñarle a pescar. Analfabeto de principios y de símbolos. Su egoísmo, su individualidad, su mediocridad y su ambición están garantizados.
   
Nunca quiso escucharme. Lo primero que define y permite una transformación es la cultura; y la cultura es la percepción que tenemos del mundo, la forma en la que accedemos al otro; la posibilidad de llenar el espíritu de una sensibilidad bondadosa; es la fuente de nuestro comportamiento y la herramienta para manejar el buen vivir en la sociedad, en la comunidad, el aprendizaje diario de la generosidad y el respeto al otro.
   
En la televisión, denigrantes estereotipos de nosotros mismos. En el cine, la manera más sofisticada de asesinar a tu padre. En la política, falsos profetas. En la administración pública, prestidigitadores del hurto. En la escuela,  el implacable ejemplo de las drogas. En la familia, la violencia y el alcohol como un mueble más. En la vida cotidiana, la grosería, el trato burdo, el insulto brutal.
   
Amores eternos que terminan en la comisaría. Deseos de que a nuestros hermanos les azote otro tormento por no pensar como uno.
    
Por eso hay que llegar al pueblo con humildad. Por eso hay que tocar sus resortes guardados para que salte su sensibilidad. Por eso hay que llenarlo de poesía y de música y de literatura y de teatro, y de la sabiduría y el ejemplo de los hombres y mujeres  que construyeron la patria. Por eso hay que poner en sus manos el arte, la ética, la estética porque…si para algo sirve la cultura, es justamente, para eso: para sensibilizarnos, para hacernos más comprensivos e incluyentes.
   
Nunca quiso escucharme. Y ahora…la ceguera de un pueblo aturdido; de un pueblo al que no se le dio la oportunidad de abrir su corazón a la cultura, da cabezazos; grita y blasfema, sintiéndose olvidado y herido…dispuesto a sacarte los ojos.




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