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Las nuevas caras del Episcopado Dominicano

Padre William Arias | ACTUALIZADO 10.01.2018 - 10:58 pm

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Con la ordenación episcopal de Mons. Santiago Rodríguez, como nuevo Obispo de la Diócesis de San Pedro de Macorís, se nota que el rostro de la conferencia Episcopal Dominicana va cambiando, con gente más joven y proveniente del post-concilio. Era lógico que algo así sucediera, pues como dice una canción ´´nadie es eterno en el mundo´´, y le añadiríamos, en ningún puesto  institucional, ya sea de índole civil o eclesial.
   
Tal vez para algunos cómo siempre, otros debieron o pudieron ser nombrados, pero estos son los elegidos y con ellos hay que trabajar, son el nuevo liderazgo de la Iglesia, serán los guías del pueblo de Dios en la República Dominicana en los años por venir, pues en la Iglesia la figura de Obispo es de suma importancia, pues este no es un simple guía y responsable, es sucesor de los apóstoles, pastor de las ovejas, es garante de la fe y poseedor de la plenitud del Espíritu, ya que imparte todos los sacramentos.
   
Estos nuevos Obispo tienen una gran tarea por delante que es la de mantener el legado que han recibido de una Conferencia Episcopal unida y de un liderazgo social más allá de lo meramente eclesial. La sociedad dominicana cuenta mucho con la Iglesia, espera de ella bastante en su desarrollo, los Obispo son equilibrio, pieza clave y orientadora entre los diversos actores que convergen en nuestro medio social plagado de intereses que solo quieren beneficiar a pocos y no llegar a todos como debe ser. Son autoridad ante las autoridades, ojos y voz del pueblo ante los vaivenes muchas veces, sobre todo de los gobiernos, cuando no responden a las necesidades del pueblo y solo trabajan para sí, con una finalidad corrupta para su grupo.
   
Ellos no deben perder ese ser de la gente. Los Obispos dominicanos siempre han sido accesibles, para su clero y para todo el pueblo de Dios, no andan con muchos protocolos social y litúrgico, gente muy pastoral, del pueblo y por el pueblo, podrá aparecer una actuación soberbia de algunos, tal vez sin pasar de dos, que se haya confundido en un momento, pero en general, son hombres muy de la Iglesia y muy sensibles a las necesidades del pobre y el sufrido. No son gente de vivir en palacios, ni de complicarse la existencia, ni de complicársela otros, como debe ser, gente normal que ha sido elegida por el Señor para servir a ese mismo Señor a través de la gente.
   
Le corresponde a ellos desempeñar su servicio en una época de cambios, la sociedad dominicana y el mundo no son los mismos, ni nunca lo serán, el hombre es un ser en movimiento, el fluir es lo propio de su existir, aunque siempre hay un sustrato permanente que le acompaña, vivir es cambiar, decía el Cardenal Newman, por lo tanto no deben ser gente de mentes cerradas, caprichosas, pensar que solo ellos tienen la razón y la única verdad, deben ser gente en diálogo con la sociedad y sus actores, pues la época de la cristiandad ya pasó, y nosotros no somos los únicos que hablamos de Dios en el continente, como dice el documento de Aparecida, no deben tener miedo a la gente y al futuro, tener mentalidad democrática más que impositiva, creer que la primavera está cerca, aunque se sientan los vientos de un frio invierno, tener mirada profunda, como la de Cristo, confiar y saber que el Espíritu siempre estará con ellos y que lo que han recibido es una misión en sus vidas, no un reconocimiento, un cargo, una función, sino un servicio para ayudar a sus hermanos. Gracias al Dios de Jesús por estos nuevos pastores, que el Señor que les ha elegido, haga que su misión tenga buen término.



 
 


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