17 Octubre 2018 9:31 AM

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La palabra se discierne en el espíritu

Maricela Ortiz

Maricela Ortiz

Maricela Ortiz | ACTUALIZADO 08.01.2018 - 8:28 pm

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Es en el espíritu que se disciernen las cosas espirituales, por tanto, necesitamos ser entendidos para caminar conforme al propósito de Dios; ya que, el hombre natural no percibe las cosas del Espíritu. El mismo Espíritu es que nos ayuda a ser guiado a toda verdad.
   
“Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. 1 Co. 2:13
   
Para poder entender el mensaje que trae Su palabra necesitamos recibirla en el espíritu. La Escritura nos dicen en Efesios 1:3:
   
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,”
  
 Lo que significa que, como hijos fuimos creados para entender las cosas espirituales, y por ende elogiar y alabar la grandeza de nuestro Padre, por su favor y su gracia con las que cada día nos bendice. Hemos recibido el Espíritu Santo, para que Él nos testifique de Cristo,  nos acuerde Sus promesas y nos guie a toda verdad. Entendiendo que si Él es quien nos habla, es necesario oír con el corazón.
   
Cuando habla en los lugares celestiales “en el cielo” Esto hace referencia al campo de dominio completo de Dios, de donde proceden todas sus bendiciones (Efesios 1:19-23).
   
Teniendo tan gran privilegio, es necesario estar en la misma frecuencia y hablar el mismo lenguaje, porque ya somos hijos de Dios, coheredero con Cristo y tenemos al Espíritu Santo de Dios, por tanto, lo que nos resta es obedecer la Palabra. Jesús en la tierra modeló obediencia y sujeción al Espíritu, Él siempre escuchaba la voz de su Padre y no hacía nada que su Padre no le mandara hacer.
   
“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.” Ro. 8:16-17
   
La palabra se recibe en el espíritu para poder ser discernida, creída y obedecida. Cuando escuchamos la Palabra con el corazón, nuestro espíritu la recibe y es esa palabra la que se hace rema y nos permite caminar en ella. Pero cuando la recibimos con el intelecto solo seremos oidores y nunca hacedores, porque los pensamientos del alma difieren de los pensamientos del espíritu.

Obedecer la palabra nos bendice, por tanto, caminemos en obediencia para que la mano de Dios obre a nuestro favor y sea su gracia la que nos acompañe donde quiera que nos movamos.
   
Nuestro compromiso como hijos es oír, obedecer y poner en práctica lo que escuchamos, porque por la Palabra vamos hacer juzgados. Es la palabra la que desmantela toda falsedad y muestra las intenciones del alma (Heb. 4:12-14).
   
Solo la Palabra de Dios pone al descubierto los dogmas de hombres, la falsa doctrina, las creencias superficiales y los falsos conceptos que se albergan en el alma. Para caminar en fe se debe recibir la Palabra en el espíritu y al recibirla sujetamos las emociones a la voluntad de lo espiritual. Hay que hacer morir lo terrenal, para que prevalezca lo espiritual y de este modo podamos crecer a la estatura del varón perfecto.
   
En el Salmo 42:5 encontramos al salmista reprendiéndose así mismo, es decir, identificó la solución de su problema mientras confrontaba su alma.
   
Dispongamos nuestro corazón para recibir la Palabra del Señor, escuchemos su voz. “Jehová el Señor me abrió el oído, y yo no fui rebelde, ni me volví atrás.” Is. 50:5



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