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La tripleta de la corrupción: 89%, 67% y 60.2%

Aquiles Olivo Morel

Aquiles Olivo Morel

Aquiles Olivo Morel | ACTUALIZADO 05.12.2017 - 9:57 pm

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La investigaciones de mercados, cuando se tratan de recoger informaciones relevantes de interés colectivo, por general arrojan resultados amenos. Mirar las tabulaciones finales sobre el tema de la corrupción  en la Republica Dominicana, donde la gente común recibe los peores ejemplos de sus figuras públicas, maldices y condena sus actos por la forma exagerada con la cual exhiben sus fortunas y luego vincular estas cifras alarmantes con la manera de elegir, resulta algo más que una paradoja.
   
La tripleta paradójica es la siguiente: 89% expresa que los niveles de corrupción en el país son alarmantes; 67% se inclina por la idea de la necesidad de hacer algo; sin embargo, un 60.2% dice no tomar en cuenta el tema de la corrupción –las vinculaciones- para elegir a sus representantes a cargos públicos.
   
En todas partes estas cifras llaman la atención. Ellas encierran varios aspectos importantes de la realidad de la Republica Dominicana; por un lado, como el elevado por ciento no preocupa a  los principales líderes políticos; este tema forma parte de una agenda discursiva no de una agenda responsable para quebrar el flagelo. Los informes recientes de los Organismos Fiscalizadores señalan la existencia de unas 79 auditorías realizadas y entregadas,  donde aparecen claramente actos dolosos, con los cuales se afectan los bienes públicos. Por otra parte, al tiempo de reconocer la corrupción, el universo investigado admite la necesidad de tomar algunas medidas para luego inclinarse en que elegiría a sus representantes sin considerar esta barrera como un elemento definitorio del futuro del país.
   
Las informaciones son contundentes: Los últimos estudios reflejan una duplicidad en muchos de los roles de las instituciones públicas; abultamiento de las nóminas de gran parte de las agencias gubernamentales e inclinación por compras excesivas,  lo cual explica porque se reclama mejorar la calidad del gasto, por parte de las instituciones empresariales.
   
Los índices de corrupción y seguridad no solo preocupan a los encuestados, al parecer están bien sincronizado con varios Organismos Internacionales que externan su preocupación para lograr una mejora de estos flagelos. El FMI expreso  recientemente en una rueda de prensa, al referirse a América Latina, en especial en Caribe, de cómo la criminalidad y la corrupción empanan el excelente crecimiento económico.
   
Mientras millones son objeto de una pronunciada desigualdad los Estados cada día se maniatan aún más para atender los reclamos de quienes carecen de agua potable, educación, salud y vivienda. Son sociedades carenciadas! A miles se le dificulta la vida, mientras la opulencia se anida a pocas distancias de donde están estos asentamientos de desesperanza.
   
Aunque existe una amplia gama de legislaciones orientadas al combate de la corrupción se percibe la inhibición de estos órganos cuando se trata de tramitar situaciones en las que aparecen importantes figuras de la administración pública vinculada a los escándalos.   La racha de ocurrencia, con un alto saldo para la comunidad, donde el crimen, la extorsión y la existencia de contubernio entre funcionarios no logran la reacción del ejecutivo, en cuanto a propiciar una renovación completa del aparato gubernamental.
   
La otra cara de la corrupción se refiere a cómo  ha ido calando en la conciencia colectiva,  alterando el orden de preocupación respeto a otros momentos donde fue investigado el conjunto de los problemas nacionales. Las entidades con desempeño negativo para enfrentarla son las siguientes: Los partido 68.6%; los jueces 60.6%; la Policía Nacional 59.3%; la Presidencia de la Republica 58.0%; la procuraduría  General de la Republica 55.7%; El congreso Nacional 54.3 y La Suprema Corte de Justicia 52.7%. Como se puede apreciar existe una displicencia institucional para afrontar este desafío.

Mi opinión: El hecho de que los tres principales problemas sean: Delincuencia, desempleo y corrupción administrativa, tanto en sector gubernamental como el privado obligará al liderazgo nacional a reflexionar para dar respuestas contundentes a estos tres temas.        

La exigencia de los Organismos Internacionales exigiendo el diseño de estrategia orientada a mejorar estos índices, también, constituye un elemento importante a la hora de valorar lo que se está haciendo en esta materia. Lo positivo de todos estos hallazgos radica en la lista presentada  donde están  identificadas las valoraciones de las instituciones públicas relacionadas directamente con estos tres flagelos sociales.

La tripleta está sobre la mesa, habrá que esperar los resultados de las decisiones para mirar quienes ganan y quienes pierden los juegos, sino se cae por negligencia o por los absurdos de ignorar la necesidad de atacar a tiempo y con las medidas necesarias y mejorar una sociedad que reclama justicia.



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