19 Noviembre 2017 12:07 PM

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¿A qué universo llevan las huellas de Freddy Gatón Arce?

Rafael A. Escotto

Rafael A. Escotto

Rafael A. Escotto | ACTUALIZADO 12.11.2017 - 11:06 pm

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…«La fuerza reversible de Dios y de los arboles me llevan en  los vientos de noviembre a Freddy Gatón Arce».
 

La mañana es una fantasía para las avecillas que trinan sus cantos y para los niños que juegan, sueñan, muerden, gritan y patean cuando sus padres piensan que tienen mucho tiempo frente al monitor y le quitan a Peppa en estas horas neblineadas, latentes, oscuras y claras. Horas que se reproducen, ventanas y puertas rotas y mundos digitales tal vez como una eterna osadía parejera o dimensionada a lo impredecible.
    
Pensar en un paisaje a acuarela para Freddy Gatón Arce con todos los pretextos de colores propios de artistas como el mexicano Alfredo Ramos Martínez  a quien Rubén Darío llamó «El pintor de la melancolía» o el estadounidense Winslow Homer, quienes pintan el cielo de azul adornado con nubes níveas. Con ese horizonte artificioso en mi mente contemplé la figura de un titán de la poesía y de la escritura antillana sentado en su poltrona de rey hecha de piezas de cuero y oro.
    
Esa misma mañana cerca de Puerta del Sol —no la de Madrid— con un texto sobre los disturbios en Ferguson  en el escritorio y un ensayo inconcluso sobre Salomé (Oscar Wilde) mientras esperábamos que el café hirviera y nos llegaba la delicia de su fragancia conversábamos animosamente con el poeta y abogado santiagués Luis José Rodríguez Tejada sobre tópicos variados de literatura. Entretanto el café barbotea y es momento de los primeros sorbos en dos tazas blancas vino a la conversación el nombre de don Freddy Gatón Arce.
    
Luis José me narró que conoció personalmente al poeta petromacorisano y miembro señero del grupo de la poesía sorprendida en circunstancias especiales en las oficinas del vespertino El Nacional en la avenida San Martín, de la Capital. Le pregunté sobre la personalidad del laureado poeta Gatón Arce. Me dijo: «don Freddy Gatón Arce era un ser humano de carácter vigoroso, de  pensamiento indómito y extraordinario, al verle daba la impresión en todo momento de ser un hombre revestido de reputación intelectual sin discusión.
    
Sus escritos o editoriales en el periódico El Nacional tenían el timbre de un periodista juicioso y sabio cuya pluma artera era insuperable en el manejo de la lengua, dejando entrever el peso de una ilustración de oro. Al salir del periódico en 1977 el país dejó de disfrutar de un estilo cadencioso y refinado de analizar los eventos que se sucedían.
    
La impronta poética dejada por Freddy Gatón Arce fue riquísima y fecunda en todo lo sentido y su contenido era ejemplo de alta pedagogía. Cuando se entra en la lectura del poema Eternidad callada en las raíces parece que estamos pisando inconscientemente, con pies calzados con zapatillas de gamuza, un territorio de símbolos que nos relacionan con las ideas y los convencionalismos que nos acercan a aquello que percibimos y de lo cual no tenemos conciencia. En este poema hay una especie de «realismo mágico», caracterizado por la narración de hechos insólitos, fantásticos e irracionales en un contexto realista. Pienso que Gatón Arce debió haberse nutrido de la influencia de las culturas indígenas precolombinas con su tradición de leyendas y mitos en los que se producen hechos ilusionantes.
    
Además, quiero recordar que el periodista y escritor venezolano Arturo Uslar Pietri empleó el término «realismo mágico» para aludir a una nueva predisposición en la literatura iberoamericana en la que la realidad coexiste con la fantasía. Creemos que en Eternidad callada en las raíces como en otros poemas Freddy Gatón Arce navegó en las profundidades del psicoanálisis y del surrealismo que hace énfasis en los sueños, el inconsciente y el irracionalismo.
   
Parte del término realismo mágico lo podemos encontrar en la obra Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, veamos: «[...] Fernanda quiso doblar en el jardín sus sábanas de bramante y pidió ayuda a las mujeres de la casa. Apenas habían empezado cuando Amaranta advirtió que Remedios, la bella, estaba trasparentada por una palidez intensa».
   
 La poeta, ensayista, narradora y crítica literaria cubana Mercedes Santos Moray escribe sobre la finalidad de los poetas pertenecientes al grupo de la poesía sorprendida: «Universales eran también los propósitos de los poetas sorprendidos, quienes postulaban como perspectiva de la cultura nacional, a la que no renunciaban como fuente nutricia, un rencuentro con el mundo y una revolución de orden estilístico.
    
En el horizonte histórico esta actitud estética, según Manuel Rueda, significó también para el régimen social un «reto tácito», ya que «las metáforas creaban en la explosión del subconsciente peligrosas implicaciones simbólicas que estuvieron barajándose en los solemnes conciliábulos de la policía secreta».
La nueva literatura que surgía con la poesía sorprendida, hermética y oscura, en un mundo torvo como el del trujillato, resultaba por su independencia una manifestación de rechazo y el apoliticismo que en apariencia se mostraba implicaba una forma de crítica, quizás algo abstracta e idealista, como lo explica la raíz conceptual y clasista, pequeñoburguesa, de los escritores.
    
Donde el poeta Gatón Arce envuelve al lector en un mundo de símbolos poéticos que apuntan a lo irracional es en Vlía. «[…] Las cintas grises de la ciudad interior crúzanse desiertas. A trechos regulares espigados señores negros asoman su cabeza de ojo malicento. Y el gato negro acecha… Vlía anda como el viento… ¡Es el viento que sopla hacia el mar! Vlía, mar de angustia. Se azulan sus pasos. Anochecen sus cabellos de tanto ser la noche. ¡Y el gato negro acecha! (Vlia, todo un gato de noche)».
   
Intentando interpretar a Freddy Gatón Arce en este poema, debo señalar que cuando el poeta escribe: «Vlía anda como el viento», creo que el poeta pretende llevarnos a considerar a Vlía como símbolo del Espíritu Santo y sus movimientos como el viento. El viento habría que verlo entonces como poder y fuerza.
    
Además, en Vlía aparece una crítica política disimulada contra el régimen de Trujillo que se identifica a través del color negro. Cuando el autor dice: «A trechos regulares espigados señores negros asoman su cabeza de ojo malicento». El color negro es ausencia de luz que se manifiesta cuando un cuerpo absorbe todos los colores del espectro. Trujillo parecía un dictador políticamente negativo y absorbente, un símbolo de error social, del mal y de la muerte.
    
Continuando con lo alegórico en Vlía, si dirigiéramos una mirada escrutadora a lo que expresa el salmista en la Biblia, nos encontraremos con el enigma que nos presente Gatón Arce en su estupendo poema Vlía, cargado de un realismo mágico: «Cuando Dios envía su espíritu proyecta, o dirige, su energía hacia un lugar en concreto —sea donde sea— para que se cumpla su voluntad (Salmo 104.30; 139:7).
    
Leyendo un interesante ensayo titulado «Vlia,  de Freddy Gatón Arce: ejemplo de automatismo surrealista», de la autoría de Manuel Mora Serrano, nos encontramos con una pregunta del distinguido escritor francomacorisano: ¿Qué cosa es Vlía? E inmediatamente entra en la repuesta: «Desde las letras mismas que forman el título de este extraño poema: V L Í A, notamos la ausencia de significado de algo existente aunque se trata de un sustantivo, que por definición es sustancia: ser. Es "algo". De golpe y porrazo con el solo enunciado de cuatro dígitos estamos en medio de un enredo surrealista». Y continúa haciendo otras descripciones del personaje: «Este artefacto tiene también otra connotación. La simple lectura nos señala que se trata de una extraña mujer capaz de transformarse en muchos otros seres, como ciertas mujeres reales. De ahí sus metamorfosis. Y si es una fémina, importa saber si es un nombre real o una invención poética».
    
Para entender la personificación del verbo transitivo transformar estamos obligados a leer a Carl Gustav Jung en su obra: «Psicología del inconsciente: un estudio de las transformaciones y los simbolismos de la libido, una contribución a la historia de la evolución del pensamiento».
    
Qué mejor que terminar este trabajo con un fragmento del poema «Descendido atardecer», de Freddy Gatón Arce:
    
«Cuando no haya nada que hacer, ¿adónde iremos a mirarnos tú y yo? ¿A quién preguntarán las estrellas por las islas sumergidas que forman los peces cuando un coral se abre? ¿Para quién desterrarás su luz? ¿Para quién se merecerán las flores, si no han de ir atinadamente a la dulzura trabajada de las abejas, ni al vuelo de las mariposas? ¿Cómo pensaran los rosales su recuerdo de acto estelar?»


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