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La revolución de octubre 25

José Alejandro González

José Alejandro González

José Alejandro González | ACTUALIZADO 12.11.2017 - 11:05 pm

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La ciudad de San Petersburgo fue fundada el 27 de mayo de 1703 por el Zar Pedro I, mejor conocido como Pedro el Grande de Rusia. Los planes del zar eran de que la ciudad fuera una ``Ventana de Rusia al mundo occidental``. Él aspiraba hacer de Rusia un país occidental en cuanto a las ciencias, el arte, la industria y el pensamiento. La nueva ciudad levantada en el delta del rio Nevá sería una capital portuaria y base naval frente al gofo de Finlandia en el mar Báltico.        

Arquitectos, ingenieros, maestros constructores, albañiles, carpinteros fueron traídos de Alemania, Francia, Suiza e Italia para construir la ciudad que en 1712 fue nombrada capital de Rusia en lugar de la vieja Moscú. A partir de entonces fue la capital del Imperio Ruso durante más de doscientos años hasta que en marzo del año 1918 fue trasladad a Moscú. San Petersburgo cambió su nombre a Leningrado en honor al ideólogo, líder y dirigente político Vladimir Lenin. Con la caída de la URSS la ciudad retomó su nombre original siendo actualmente la segunda  ciudad más grande e importante y el centro económico y turístico y político de Rusia. La ciudad ha sido desde su fundación y, conforme al ideal de su fundador, una ciudad vanguardista; desde el mundo del arte hasta el mundo de las ideas políticas y su concretización. Por esto último es también conocida como la ``Ciudad de las Tres Revoluciones``.

En diciembre 28 del año 1825 se produjo en ella la Revuelta Decembrista a cargo de un considerable grupo de oficiales del ejército ruso pertenecientes a la aristocracia quienes se levantaron en armas contra el poder absoluto del Zar Alejandro I. Los oficiales, unos 3,000, habían tomado posiciones en la Plaza del Senado, allí fueron atacados por un regimiento de granaderos. Muchos murieron, otros huyeron y otros se rindieron; de estos varios fueron condenados a muerte y ejecutados. Tiempo después, el 22 de enero de 1905 se produjo una marcha de trabajadores y campesinos con el fin de entregar al Zar Alejandro III una instancia de reformas laborales. En ausencia del Zar los peticionarios fueron brutalmente reprimidos. Miles de ellos murieron y miles más resultaron heridos; la historia rusa señala ese día como  ``el domingo sangriento``.

Esta masacre abrió el camino a alzamientos multitudinarios que obligaron al gobierno monárquico a constituir un parlamento o asamblea legislativa llamada la Duma. El día 17 el Zar firmó el Manifiesto de Octubre mediante el cual se eligieron colegios electorales y se proclamó la constitución de 1906. Estos pasos reformadores no cambiaron la situación represiva del gobierno contra los trabajadores extendiéndose el mismo estado de situación durante varios años, agravándose el mismo con la participación rusa en la Primera Guerra Mundial. La situación empeoró con las repetidas derrotas del ejército ruso en el frente de guerra, la escasez de alimentos, el paro en aumento, la economía estancada y la presencia de una hambruna generalizada que cobraba mensualmente cientos de miles de vidas.

Estas trágicas circunstancias provocaron que el 23 de febrero de 1917, en Petrogrado - así nombrada la capital durante el periodo de guerra debido a que Petersburgo contiene cierto rasgo alemán- se iniciara la segunda revolución. Ante la masificación y generalización de protestas el Zar disolvió la Duma y tuvo que abdicar el 2 de marzo ante la presión del Estado Mayor del ejército, finalizando así la monarquía rusa. Inmediatamente fue formado un gobierno provisional y el Soviet de Petrogrado, pero, realmente fue Lenin quien tomó el poder junto con los bolcheviques representando a los trabajadores. Entre el gobierno provisional y los bolcheviques afloraron las discrepancias. Los sóviets querían ``Paz, Pan y Trabajo``, además ``Todo el poder para los sóviets``, el gobierno retrasaba la toma de  medidas por lo que los sóviets constituyeron un Comité Militar Revolucionario el cual preparó ``La Revolución de Octubre`` llevándola a cabo con sus grandes consecuencias nacionales, regionales e internacionales.

El 25 de octubre del año 1917 se produjo el histórico ``Asalto al Palacio de Invierno`` que concluyó con el arresto de casi la totalidad de los miembros del gobierno provisional y la toma del poder por los bolcheviques liderados por Vladimir Lenin. El pasado 25 de octubre se cumplieron 100 años del aquel hecho histórico revolucionario que transformó a Rusia en una potencia económica, política y militar cuya influencia se esparció por todo el mundo constituyéndose la entonces URSS en referencia obligada de las revoluciones socialistas hasta hoy habidas. La revolución y con ella el imperio, el poderío, la riqueza y el modelo de la URSS, que hacía décadas acusaba desgastes en sus estructuras económicas y políticas,  se vino abajo en 1987 cuando el muro que dividía la ciudad de Berlín fue derribado y, posteriormente la conjunción de naciones que habían conformado el amplio imperio de los sóviets se desarticuló en naciones originarias, ahora independientes. Sólo quedó una Rusia reducida, debilitada, desarmada y abandonada por sus antiguos socios. Sin embargo, Rusia ha sabido recuperarse; hoy lidera como potencia en importantes zonas del planeta.      



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