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La era de la postverdad

Luciano Filpo

Luciano Filpo

Luciano Filpo | ACTUALIZADO 10.11.2017 - 1:03 am

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Desde hace unas décadas, en espacios intelectuales, ya sean sociológicos, filosóficos, políticos, históricos y analíticos, se ha estado articulando el prefijo post, aunque va delante se emplea para denotar lo que viene luego, lo que está más allá de, después de la sociedad, de la modernidad, del deber, de la moral, de la verdad. Casi siempre se articula para referirlo a una sociedad o condición que erosiona la verdad, la moral, los valores la justicia, la razón. Al principio de este siglo (2004), Ralph Keyes escribe “La era de la postverdad” para referirse a la sociedad donde se construye todo tipo de artilugio para convertir la percepción social de lo incierto en lo cierto. Ya en la clásica Grecia, los sofistas se valían de los recursos discursivos de la falacia y el sofisma y así persuadir al público de algo que era una evidente mentira transformada en verdad o construir la percepción de que funciona como tal.  
   
Los sofistas eran filósofos cínicos y relativistas no importaba la moral del acto, importaba el fin, la necesidad de que con un razonamiento retorico se confunda o convenza al auditórium. El sofista solo disponía del recurso de la palabra, en el mundo de hoy dominado por los mass media, la era digital, la sociedad del conocimiento ha cambiado. Miente la palabra, miente la imagen, el fin del medio es mercurial, se ha relativizado en grado extremo la búsqueda de la verdad. Ha cambiado la forma de hacer política, se han transformado los principios del altruismo para el actor social, el político, que procuraba desde las esferas del Estado hacer el bien común, ahora todo se perfila por el principio maquiavélico de que el fin justifica los medios o el Robert Green que plantea, aconseja al político exitoso que diga lo que los otros quieren oír, no necesario establecer su convicción del mundo.
   
Desde los años 1970, Marshall Mcluhan advertía  la revolución que se iniciaba en la aldea global, donde el mensaje y su certeza estaban relacionados estrechamente al rol y preponderancia del medio. En la sociedad de la postverdad se justifica y se vende la guerra a través de canales, se promueve la muerte como algo común, es la era de la razón cínica como diría P. Sloterdick. La actividad política en el mundo contemporáneo de postguerra fría ha dado un giro sin precedentes, se ha perdido el compromiso social de los políticos profesionales, como estableció en un momento Max Webber, la vida mundana ha profanado la actividad política, la visión postmoderna ha influenciado a los jóvenes de un espíritu etéreo, indiferente y vacío… se hallan inclinados a la fragmentación aunque aspiran a la tolerancia y el respeto de las minorías, pero es difícil abogar por el respeto de uno mismo y del otro, desde una perspectiva individual y aislada. Según Noam Chomsky desde los medios se han diseñado diversas estrategias de manipulación y control social, es decir, los individuos de escasas formación terminaron opinando y ejerciendo el sufragio, asumiendo la defensa de la tendencia que se construye desde el medio.    

Es necesario destacar, que no obstante los esfuerzos mediáticos por atar o simular verdades, las redes sociales han facilitado también la era de la trasparencia, el tráfico de la información, la aparición de especie de superhéroes como Julián Assange o Edward Snowden, los cuales han puesto al descubierto la capacidad de perversidad que se puede ejercer desde el Estado con las nuevas redes sociales se ha democratizado la información, han facilitado el hallazgo de la verdad, no es suficiente con una pose. En la presente coyuntura social, aunque se juega con la verdad en esencia, se dispone  de recursos para mantenerla oculta, solapada o mediatizada es mucho el conglomerado  que accede a las redes. No es suficiente la preocupación por teledirigir la sociedad (Giovanny Sartori). Las herramientas comunicativas de la era digital ponen  al desnudo el apetito voraz de los actores políticos por engullir al Estado y la población. La  sociedad dominicana está viviendo en carne viva los efectos deletéreos de la era de la post verdad. Más de dos mil periodistas financiados desde el estado actúan como papagayos o ventrílocuos para repetir temáticas que confunden o tergiversan las noticias y las informaciones. La corrupción y la impunidad oficial  y en menor medida privada han prosternado la verdad a la necesidad individual de construir seguridad, de procurar bienestar.

El presidente de la Republica Dominicana se presenta como el paladín de la democracia, pero no otorga una entrevista a un periodista, no tolera en su presencia un agente del movimiento marcha verde, hizo modificación de un artículo de la constitución para reelegirse y se halla en marcha la estrategia para reproducir la misma acción de cada al año 2020; la sociedad dominicana se halla postrada ante los empujes de la postverdad en nombre de la verdad se roba, trafica influencia, armas, drogas, se marcha para la causa de un delincuente de cuello blanco así como se justifica el aniquilamiento sumario de uno  de la clase baja.  La sociedad de la postverdad se construye desde el soborno, la extorsión, el robo, el cobro de comisiones, el pago de fianzas. La era de la postverdad es una apuesta al crimen organizado, a la búsqueda de beneficios particulares y al control del Estado sin miramiento ni principios de orden éticos o moral. Es una condición que amenaza al orden social y activa el conflicto entre los subordinados y los que detentan el poder.

El autor es Dr. en Educación.



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