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Sepulturero pidiendo igual suerte

Pascual Ramos

Pascual Ramos

Pascual Ramos | ACTUALIZADO 11.10.2017 - 11:01 pm

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La muerte es el evento de deceso más seguro, que todo ser viviente tiene que enfrentar. De la realidad, no se escapa nadie. Los que se han marchado, no han regresado. Sus cuerpos se han descompuestos, convirtiéndose en una especie de minúsculas arenillas, confundiéndose en medio de las circunstancias de imperfecciones materiales de la tierra. Los cadáveres intactos, es por el fenómeno del embalsamamiento; convirtiéndose en momia.
      
La sentencia, encuentra una explicación religiosa de fe, en la afirmación bíblica que profetiza lo siguiente: “Pues polvo eres, y en polvo te convertirás” (Génesis 3: 19); refiriéndose al cuerpo humano materia. Pero hay que entender también, que el libro sagrado habla del espíritu/alma, que posee todo ser razonable, que es lo que se va a la Gloria Eterna de Dios Padre o al infierno, donde impera el llamado diablo o Satanás, quien se encarga de recibir, a los que se portan mal; esperándole allí, el “llanto y el rechinar de dientes”, bajo fuego permanente, donde no hay regreso ni escapatoria.
      
El reflexionar sobre la muerte y pensar en la posibilidad de saber cuándo podría ocurrir ese acontecimiento, preocupa; por lo seguro del mismo, en donde la ciencia solo puede dar explicación, partiendo de los problemas neurológicos, que conducen a la llamada muerte natural cerebral, celular, orgánica; entre otros tipos, debido al transcurrir de los años, cuando órganos del cuerpo humano, dejan de funcionar.
      
Sin embargo y pese a lo indicado, se ha comprobado que después de la persona fallecida, las uñas y el pelo siguen creciendo; por lo que esto puede que sea un indicador, para que los experimentos científicos al respecto continúen adelante, tratando de dar respuestas que puedan conducir a encontrar una luz en medio del misterio, que encierra el tema de la muerte y la desaparición física definitiva de la existencia del cuerpo humano.
      
Los cientos de miles de millones de personas fallecidas de diferentes maneras en el mundo, son muestra fehaciente de la objetividad de lo que se plantea; por lo que se debe estar indagando, sobre el abismo de incomprensiones subjetivas prejuiciadas, que hacen posible hablar de los conocimientos físicos, en el pensamiento científico; con pretensiones de búsquedas, sobre lo que puede existir mas allá  de la metafísica. El tema de lo sobrenatural, soñando con la llamada perfección divina.  
     
Lo desconocido despierta la curiosidad, pese a la gravedad del asunto tratado, que implica al cuerpo humano en su estado de descomposición terrícola, en donde no hay más remedio, que depositar sus osamentas dentro de un ataúd, en el lugar conocido como cementerio o campo santo; escenario caracterizado por tumbas, nichos, fosas y cruces. Es el lugar de los muertos, como se suele decir, en el mundo de los que aun siguen vivos; quienes observan desde las gradas, en donde más tarde, formaran parte del conjunto de cadáveres, aceptando lo que muchos llaman: “Ironía de un final, donde nadie tiene escapatoria”.
     
Del difunto se encarga el sepulturero, quien no sabrás luego, si alguien le podrás ofrecer igual servicio, como lo hizo él en su justa labor de ganarse unas cuantas monedas, en el lugar de los muertos, si es que tiene suerte en la llamada sociedad de sálvese quien pueda.
      
El título de Sepulturero pidiendo igual suerte, sugiere tener siempre muy presente lo: “De hoy por ti y mañana por mí”, como reflexión de vida, que hace de la persona, un mortal orgulloso de su existir, esperando con resignación la muerte, satisfecho de haber dejado un legado de paz y amor para la humanidad, donde las nuevas generaciones le puedan referir, sin tener vergüenza de citar su afirmaciones, que fortalecen el tema de un mundo solidario y fraterno. Para suerte de la raza humana, los habitantes del mundo, cuentan con hombres y mujeres, que en vida supieron ser ejemplo, de cómo hay que proteger y cuidar todo cuando existe en este único planeta llamado tierra, con características inigualables, garante de la biodiversidad.        


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