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¿Quiénes nos están gobernando?

Luis Alberto De León Alcántara | ACTUALIZADO 13.09.2017 - 10:35 pm

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La sociedad son sus ciudadanos. Cada persona que compone una nación es importante, no solo por tener derechos y deberes, sino además, por su dignidad. Tanto es así, que por el hecho mismo de ser persona, todo individuo merece respeto. Ahora, para mayor organización los seres humanos se ponen de acuerdo para tener representantes entre ellos con el propósito de lograr equidad, justicia y orden para todos. Estas personas son elegidas por sus capacidades, por sus valores éticos y morales. Es decir, son puestas al frente de los demás por el bien común, para garantizar la paz y la armonía entre sus habitantes.
   
Por eso, la prioridad  de todo gobernante es velar siempre por los ideales del pueblo, nunca por el afán de aumentar sus propios intereses ni para defender sus negocios comerciales. De aquí entonces que es necesario estar claro de que dirigir una nación no es una empresa personal ni tampoco una propiedad privada. Por consiguiente, jamás se puede confundir servicio a la patria, amor a la justicia social y preocupación por los derechos y deberes de todos los individuos con decisiones maquilladas, proyectos de nación basados en caprichos grupales ni mucho menos propuestas humanitarias que solo favorezcan a un sector de la sociedad, dejando al resto en penurias.
   
En un país donde únicamente se trabaje “con el pueblo”, pero en ningún momento “para el pueblo”, los problemas y las dificultades como nación no se solucionan, solo se controlan. Y es justamente en ese instante cuando los que tienen el compromiso de mejorar la condición humana de las personas se justifican, comienzan hacer toda clase de maniobras y de estrategias políticas para hacerle creer al pueblo que todo el empeño esté puesto en ellos, que se está haciendo hasta lo imposible para que ningún ciudadano este carente de los servicios básicos, como salud, educación, seguridad y alimentación.
   
Es el pueblo que elige a sus gobernantes, y no al revés. Las personas depositan la confianza en otros individuos precisamente para que las proteja y las ayude a tener un futuro mejor. No es para que los engañen, los maltraten ni para ser burlados. Por tanto, cuando el pueblo se deja humillar y no es capaz de recordarle a sus gobernantes para qué fueron elegidos, es un pueblo masoquista, dormido y sin valores. Se convierte en una sociedad que se va muriendo lentamente.
   
En conclusión, para saber quiénes nos están gobernando hay que mirar cómo anda nuestra sociedad. Tenemos que analizar el avance y el desarrollo educativo y moral de las personas. También hay que mirar de cerca qué opinión tienen la gente de la situación actual. Incluso, se debe calcular si los índices de atracos, robos y muertes han disminuidos o si continúan en aumento. Y después de tener repuestas concretas a todas estas preguntas, se hará más fácil saber si los que nos están gobiernan son líderes, individuos que luchan por el bien del pueblo o si son aprovechadores de los pobres y de los indefensos, que merecen ser quitados y remplazados por verdaderos gobernantes.



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