24 Septiembre 2017 10:04 AM

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Tensión global: crisis económica, política y ambiental

Nelson Reyes Estrella

Nelson Reyes Estrella

Nelson Reyes Estrella | ACTUALIZADO 13.09.2017 - 6:28 pm

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Se evidencia una transición política, donde la política ha dejado de ser para los políticos tradicionales y se crean líderes que no son los tradicionales; esa evolución crea tensión y estimula la crisis económica, política y ambiental a que nos enfrentamos.
   
El liderazgo mundial se enfrenta a grandes desafíos, incluida la misma falta de liderazgo. En la actualidad esto se expresa en una política personalista que en cierto modo lo encabeza el presidente estadounidense Donald Trump y que ha sido motivada por el surgimiento de una nueva forma de hacer política, la denominada comunicación política que es el reflejo político de la sociedad del consumo, expresada en el consumo de información a través de los medios masivos.
   
Como se puede observar, el avance de las nuevas tecnologías y su impacto en el modo de hacer comunicaciones ha establecido nuevas formas de hacer y ejecutar política; en la mayoría de los casos se observa en la preeminencia de la figura presidencial que impide el florecimiento de otras figuras políticas y esto termina convirtiéndose en una crisis de liderazgo cuyo resultado compromete la estabilidad global.
   
En materia económica nos encontramos en el peor momento histórico, aunque los analistas establecen que desde 1929, pienso que esta es la mayor crisis de la historia, pues, esta es una crisis que se expresa en diversas dimensiones y es el resultado de una sociedad cada vez más desigual, de esta manera hablamos de una crisis de los valores humanos, de credibilidad política, ambiental y económica, que unidas, amenazan nuestra propia existencia.
   
Si los líderes globales no son capaces de dar respuesta a corto y largo plazo a las luchas de intereses público- privado que motivan las grandes tensiones globales, en los próximos años estaremos asistiendo a un desenlace apocalíptico, especialmente, a consecuencia del uso criminal que le estamos dando a nuestro medio ambiente, y como dice un buen amigo, “Dios siempre perdona, el hombre a veces, la naturaleza nunca”, en tal caso, no debemos temerle a lo primero, pero debemos tener precaución con lo segundo, porque esto nos llevaría camino a lo tercero y es ahí donde reside el gran peligro.
   
En Estados Unidos, China, Rusia, Europa y otras potencias emergentes yace la esperanza de un planeta cada vez con mayor presión económica y social que estimula todos los males. Las respuestas a las tensiones deben ser racional, despojándose de los intereses, pues quienes agitan, en algunos casos como Korea del Norte o los grupos islámicos son quienes tienen meno que perder.
   
En el caso de Venezuela, es evidente una división social peligrosa, estimulada por la presión de la manipulación de intereses privado, nacionales e internacionales y como los pueblos tienen derechos a elegir sus gobernantes, en el país sureño se debe preservar su libre y democrática determinación, de eso depende la estabilidad, no solo de ellos, sino de toda América y del mundo.
  
Creemos en salida negociada, de conformidad a la buena fe internacional y a la libre determinación de los pueblos; basada en las convenciones internacionales que han sido consecuencias de momentos de tensiones similares al actual, de manera que, de cara a las convulsiones a que nos enfrentados debemos ser cauto e inteligente para no comprometer lo que tanto nos ha costado.
   
En 1937 Mustafá Kemal, Padre de la República Turca, en un discurso al pueblo turco expresó lo siguiente: "Si se quiere una paz contínua, se deben tomar medidas internacionales para mejorar la situación de las masas. El bienestar general de la sociedad internacional debe reemplazar el hambre y las presiones. Los ciudadanos del mundo deben educarse procurando alejarles de los sentimientos de rencor, celos y avaricia” (tomado del libro: 1915 El año Más Largo del Imperio Otomano, el Resurgir de una Potencia)
   
Necesitamos una sociedad global basada en las buenas costumbres y los buenos valores, donde la fraternidad se imponga a los intereses y el amor al odio y que la única lucha que persista sea para acabar con la pobreza, mantener la paz y la sostenibilidad ambiental como garantía a las futuras generaciones.



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