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Esperar me desespera

Maricela Ortiz

Maricela Ortiz

Maricela Ortiz | ACTUALIZADO 11.09.2017 - 10:56 pm

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La razón por la que nos desesperamos cuando esperamos es sencilla, nos hace falta confianza y fe. Aprender a esperar se aprende, porque nos lleva a desarrollar la paciencia, y ésta es un Don. Cuando entendemos que Dios es quien tiene el control de nuestras vidas, aprendemos a esperar confiadamente, porque sabemos que esperamos en su voluntad.
   
La espera encierra sabiduría, debido a que cada vez que lo hacemos, aprendemos a contralar emociones, descubrir actitudes y detectar sentimientos que nunca habíamos experimentados; dándonos la oportunidad de evaluarnos y de este modo poder trabajar con aquellas cosas que nos limitan y no nos dejan crecer como persona.
  
 Es importante aprender a esperar, pero lo más relevante es saber qué estamos esperando. Hay que aprender que cada espera encierra un propósito, no se puede esperar a ciegas, es decir, yo tengo que saber lo que espero. Además, saber que lo que espero no es mi mundo, ni creer que todo gira en base a lo que espero; no, hay que saber que lo que espero es una parte, no el todo de la vida, por tanto, hay que dejar que la vida siga su curso sin dejar de perder la fe; siempre confiados de que Dios obrará en Su tiempo.
   
Poner en las manos de Dios nuestros anhelos y peticiones, nos ayuda a vivir confiados y en paz, puesto que Él sabe lo que nos conviene de acuerdo a su propósito y voluntad. Ahora bien, cuando nos afanamos y forzamos las cosas, lo estamos haciendo nosotros, y por eso vemos que cuando lo logramos vienen a ser de carga y de tropiezo a nuestras vidas.
   
Sin embargo, cuando esperamos confiados y pacientemente, las cosas llegan en momentos sorpresa, y siempre vienen para bendecir nuestras vidas. A veces decimos, gracias Señor, porque no me lo diste cuando quería, sino que ahora fue el momento justo. Así que, no se desespere mientras espera, hay muchos aprendizajes que se obtienen en la espera, ese es un tiempo para crecer.
  
 Cuando aprendemos a esperar, aprendemos a confiar; las bendiciones vienen cuando estamos maduros para recibirlas. Toda espera conlleva un proceso, por eso nos desesperamos, lloramos y muchas veces queremos tirar la toalla, pero todo esto no son más que lecciones de vida para formar nuestro carácter y de este modo poder valorar lo que vamos a recibir. Todo tiene su tiempo y todo viene en el momento justo, Dios nunca llega tarde.
   
 “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.  Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;  tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz”. Eclesiastés 3:1-8



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