26 Septiembre 2017 9:48 PM

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Que cada uno asuma su responsabilidad

Juan Núñez Collado

Juan Núñez Collado

Juan Núñez Collado | ACTUALIZADO 08.09.2017 - 9:43 pm

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Hoy están sucediendo hechos muy desagradables a los ojos de Dios y de los hombres.
   
Me parecen hechos muy desagradables los relacionados con la pedofilia y la pederastia, vicios a los que en los últimos 25 años han estado vinculados laicos, pastores, algunos sacerdotes, algún que otro obispo y algunos nuncios y cardenales vinculados a la Curia de Roma.
   
Ya el manso Rabí de Galilea nos advirtió  por medio del Evangelista San Mateo en su Capt. 18, versos 6-10 cuando nos enseñó: “Al que haga caer a uno de estos pequeños, que creen en mí, mejor le sería que le amarraran al cuello una gran piedra de moler y que lo hundieran en lo más profundo del mar”.
   
¡Ay del mundo a causa de los escándalos. Tiene que haber escándalos, pero ay del que causa el escándalo!
   
Hay muchos sujetos que en su gran ignorancia de lo que es la fragilidad humana, parece que se alegran de que esas desgracias de la pedofilia y de la pederastia ocurran, teniendo como protagonistas a personajes de las Iglesias que deberían ser modelos de rectitud por su formación en los valores éticos y morales.
   
Pero no olvidemos que hay una lucha permanente entre la voluntad y la razón. Entre el bien y el mal. Entre el espíritu que es fuerte y la carne que es débil por naturaleza y por instinto.
   
Recordemos que el mismo apóstol Pablo nos dice: “Veo lo que debo hacer, mas me sorprendo haciendo lo contrario”. En esta confesión de Pablo se manifiesta esa lucha que se da siempre entre la razón que ve con claridad y la voluntad que no necesariamente hace lo que nos dicta la sana y recta razón.
   
Lo importante es que cada uno asuma su responsabilidad y sepa que desde los mismos albores de la humanidad hemos tenido personas que son modelos y paradigmas a seguir y personas que han fallado vencidos por las pasiones instintivas cuando la voluntad caprichosa no obedece a la recta razón. Un buen ser humano asume su responsabilidad pero nunca toma como excusa los errores de otros para alejarse de la Iglesia, ya que cada uno tendrá que rendir cuentas bien claras y estrechas ante el juez de vivos y de muertos que es Cristo Jesús.
   
Pidamos al Señor que nos libre de ser causa de escándalos públicos o privados, ya que de acuerdo al mismo Señor Jesús, más les valdría que fueran arrojados a lo más profundo del mar.
   
Recordemos que cada cual tendrá que rendir su propia cuenta.
   
Ojalá que seamos humildes para reconocer que todos somos pecadores y nadie en buen juicio se debe alegrar de las malas acciones de otro, ya que una acción buena y virtuosa a  todos nos beneficia, pero una acción pecaminosa aunque sea privada y en secreto a todos nos hace daño.
   
No olvidemos que todos somos miembros del cuerpo místico de Cristo, que es nuestra Santa Madre la Iglesia, que Cristo fundó sobre la roca de Pedro y se comprometió a que los poderes del maligno no podrán destruir esta roca.
   
Recuerda que cada uno tendrá que rendir su propia cuenta a la hora del encuentro con el Señor.



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