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San Blas de Illescas: vocación y martirio

Felipe de Js. Colón

Felipe de Js. Colón

Felipe de Js. Colón | ACTUALIZADO 24.08.2017 - 10:08 pm

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San Blas de Illescas, es el patrono del municipio de Coamo, Diócesis de Ponce, ubicado en el Sur de la isla de Puerto Rico. Actualmente el párroco es,  el Reverendo Padre José Diego Rodríguez Martinó ¿Por qué el nombre de San Blas de Illescas, y no San Blas de  Sebaste?
   
Cuenta la historia que Cristóbal García de Illescas  (probablemente hijo de Blas García de Illescas), donó tierra de su hato para la ubicación del pueblo de Coamo en 1579. Algunos historiadores ponen en duda que Blas García haya pisado tierra puertorriqueña.
   
Pero lo que no deja de ser cierto es,  que colonizadores illescanos, de la provincia de Toledo, España se establecieron en Coamo hacia el año de 1539 y estos donaron terreno. El Rey de España en aquel entonces era Felipe II (1527-1598), quien el 15 de julio de 1579, aprueba la fundación del pueblo de Coamo. La parroquia de San de Blas de Illescas de Coamo fue creada en el año de 1616.
   
San Blas, nace Armenia, en la ciudad de Sebaste (Sivas, actual Turquía). El    origen etimológico del nombre Blas, significa, aquel que es tartamudo. De acuerdo con las cuatro actas legendarias, Blas nació rico, de padres nobles. Fue educado en el seno de una familia cristiana.
   
Como médico  curó a muchos enfermos. El ejercicio de la medicina de los cuerpos lo preparó y le dio a la vez ocasión para ejercer la medicina de las almas. Se destacó por la virtud de la humildad, mansedumbre, paciencia, devoción, castidad e inocencia; en una palabra vivía en santidad. Adornado con estas admirables virtudes, al quedar vacante el obispado de Sebaste, el pueblo y el clero lo eligieron a unanimidad como nuevo obispo.
   
Vivió en tiempos de los emperadores Diocleciano y Licinio (307-323), Decretada la persecución, San Blas buscó asilo en una cueva, donde fue descubierto por unos cazadores de fiera, denunciado al gobernador Agrícola de Capadocia.
   
Mientras estaba prisionero, Licinio, Emperador romano de Oriente, le pidió a Blas  que renegara de su fe en Cristo públicamente. Él respondió con firmeza y sin titubeos: “¡Entiende miserable, que soy el siervo de Nuestro Señor Jesucristo y no adoro a los  demonios!” Al negarse, pagó con su martirio,  fueron  torturadas sus carnes con peines de hierro, fue decapitado en el año de 316.
   
San Blas, no obstante a mantenerse oculto por la persecución, sostenía, alentaba y edificaba a los cristianos con su palabra y con el ejemplo de su santa vida.
   
Se conoce en su pasión que mientras llevaban al santo al martirio, una mujer se abrió paso entre la muchedumbre y colocó a los pies del santo obispo a su hijo que estaba muriendo sofocado por una espina de pescado que se le había atravesado en la garganta. San Blas puso sus manos sobre la cabeza del niño y permaneció en oración. Un instante después el niño estaba completamente sano.
   
 Este episodio lo hizo famoso como taumaturgo en el transcurso de los siglos, y sobre todo para la curación de las enfermedades de la garganta.
   
En algunos lugares persiste la costumbre de bendecir a las personas el día 3 de febrero con dos velas- la Candelaria es la víspera- con esta fórmula: «Por la intercesión y los méritos de San Blas, obispo y mártir, Dios te libre de los dolores de garganta y de cualquier otro mal». También se le invoca como abogado contra la peste del ganado.

El autor es,  Juez del Tribunal Eclesiástico


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