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Sí, don Pedro, “Hay un país en el mundo…”

Domingo Caba Ramos

Domingo Caba Ramos

Domingo Caba Ramos | ACTUALIZADO 24.08.2017 - 9:52 pm

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¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar…?»
(Sor Juana Inés de la Cruz)


Sí, don Pedro, usted tuvo mucha razón: “hay un país en el mundo/ colocado en el mismo trayecto del sol… en un inverosímil archipiélago de azúcar y de alcohol...”
  

Sí, don Pedro, “hay un país en el mundo, sencillamente liviano,… frutal, fluvial y material Y, sin embargo, sencillamente tórrido y pateado. Sencillamente triste y oprimido”. Y, además, agrego yo, sencillamente pobre y laborioso. Sencillamente bastante “sui géneris”. Sinceramente “superespecial”
   
En ese país, don Pedro, nada parece estar prescrito, y todo parece válido; nada resulta sorprendente, y todo puede suceder.
   
En ese país, don Pedro, las leyes continúan “calladas y tristes”, vale decir, el mandato emanado del imperio de la ley se irrespeta, poco importa y sólo se cumple cuando favorece determinados intereses.
   
Ese, don Pedro, es el único país del mundo en donde a un servidor público colocado en la cima del poder político se le pagan salarios superiores al medio millón de pesos, pensiones o jubilaciones millonarias sin que dicho servidor haya superado los diez años de servicios, en tanto que otros, los de abajo, provistos de una sólida formación académica y pletórico de juventud y/o experiencia profesional reciben, tanto en el sector público como privado, salarios que no llegan a los quince  mil pesos mensuales y pensiones o jubilaciones cuyos pagos están por debajo de esta cantidad.
   
Ese, don Pedro, es el único país en el mundo, donde a quien nunca ha desempeñado un puesto público le otorgan “pensiones especiales” que en ocasiones superan los cincuenta mil pesos mensuales; mas quien ha trabajado para el Estado durante treinta,  o más años debe  conformarse o irse a  morir a su casa  con la humillante y/o insultante suma de quince mil pesos cada mes.
   
Ese, don Pedro, es el único país en el mundo donde se idolatra al corrupto y al honesto lo llaman “tonto”, “pendejo”, “palomo” o “paraguayo”
   
Ese, don Pedro, es el único país en el mundo donde al joven recién graduado en la universidad se le hace difícil comenzar a trabajar por carecer de  una experiencia que no puede adquirir debido a que no se le otorga el trabajo correspondiente, causando esto, depresión, desencanto y frustración.
   
Ese, don Pedro, es el único país en el mundo donde  en cada proceso electoral, nuestros dirigentes políticos, en vez de presentar propuestas y programas de gobierno, desarrollan sus campañas electorales en base a insultos de agresivos y cloacales acentos.
   
Ese, don Pedro,  es el único país en el mundo donde un ministro de Educación informa sobre la existencia de casi cuatro mil maestros que cobraban sin trabajar, se procede a la cancelación de estos; pero el director de distrito escolar y demás funcionarios que nombraron y protegieron a esos seudoeducadores  están libres de culpa o de cualquier consecuencia que afecte sus puestos de trabajo, esto es, ninguna sanción se aplica en su contra, olvidando, talvez así, la sabia verdad contenida en los versos de la insigne poetisa  mexicana, Sor Juan Inés de la Cruz (1651/1695) :

« ¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar…?»


Ese, don Pedro, es el único país en el mundo donde   un procurador fiscal (de Samaná) recién cancelado por acoso sexual, figuraba como maestro activo en una escuela nocturna  (de San Francisco de Macorís), función por cuyo ejercicio cobraba cincuenta y un mil pesos mensuales.

Es verdad, don Pedro, hay un país en el mundo… sencillamente “sui géneris”, sinceramente superespecial, esta vez con más de  diez millones “suma de la vida / y entre tanto / cuatro cordilleras cardinales / y una inmensa bahía / y otra inmensa bahía…”
   
¿Cuál es ese país? – preguntarán unos. ¿Cómo se llama? – cuestionarán otros.
Yo, como usted, don Pedro, prefiero no decir su nombre. Y con sus palabras contestaría, en caso de que alguien quisiera saber cuál es esa patria o país:

«No la busque,
no pregunte por ella.
Siga el rastro goteante por el mapa,
Y su efigie de patas imperfectas.

No pregunte si viene del rocío,
o si tiene espirales en las piedras,
o si tiene sabor ultramarino,
o si el clima le huele en primavera.
No la busque ni alargue las pupilas.
No pregunte por ella…»



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