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Una sentencia y un voto disidente que honran el derecho y la justicia en la República Dominicana

Juan Núñez Collado

Juan Núñez Collado

Juan Núñez Collado | ACTUALIZADO 14.07.2017 - 9:47 pm

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No todo está perdido.

Hay una llama luminosa en el oscuro túnel de la práctica del Derecho y de la Justicia.
  
 Desde una visión de la Sociología como ciencia del comportamiento colectivo, me he referido al Derecho como ciencia jurídica como la “práctica de lo torcido”, al menos en la sociedad dominicana, donde lo anormal o violatorio a la Constitución y las leyes se ha convertido en el pan de cada día.
   
Algunos comunicadores han acuñado la frase: “En la sociedad dominicana nada es nada”,  para significar que lo anormal, como el irrespeto a la vida y la dignidad de la  persona humana, son algo rutinario sin que nos inmutemos  y reaccionemos contra un estado de anomía casi total, ejemplos: Las muertes por intercambios de disparos entre la  Policía y los delincuentes, actos de sicariatos, accidentes de tránsito y otros.
   
En esta semana dos magistradas valientes y conscientes de sus deberes frente a Dios y a sus conciencias han honrado la Justicia y la práctica del Derecho, emitiendo una sentencia ejemplar y un voto disidente. Me refiero a Yeni Berenice Reynoso y a Miriam Germán.
  
La magistrada Yeni Berenice Reynoso condenó al imputado Blas Peralta a 30 años de prisión y una indemnización económica de RD$32,000,000 de pesos dominicanos, por la inmerecida y extemporánea muerte del Dr. Aquino Febrillet, ex Rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
  
 Esta decisión se tomó a pesar de la fuerte presión de sobornos y otras artimañas de amenazas contra los testigos y otros agentes involucrados en este incidentado  proceso, tratando de evadir la mirada ciega de la Justicia.
  
 En el caso de Miriam Germán dio una excelente cátedra de independencia frente al Poder, de apego a la Etica que modela la conciencia para actuar con rectitud por encima de todo y a pesar de todo.
  
 Su voto disidente se convirtió en una cátedra viva de cómo un juez debe actuar apegado a los principios de la Ética, que lo comprometen únicamente con Dios y su conciencia al momento del ejercicio sagrado de administrar justicia con una venda oscura que  impide por todos los medios la parcialidad.
   
Cuando las  palabras mueven el ejemplo arrastra.
   
Ojalá que este ejemplo de valentía y rectitud de estas dos magistradas de la Justicia dominicana muevan las conciencias encallecidas de muchos magistrados que han sucumbido o están bajo la tentación de sucumbir por intereses mezquinos que atentan contra la recta conciencia y los principios de la Etica y de la Justicia, que ordena que “a cada quien se le dé lo que le pertenece y merece de acuerdo a su forma de actuar en la vida”.
  
 Sembremos rectitud y tendremos una abundante cosecha de felicidad personal y colectiva.



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