19 Junio 2019 5:32 PM

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Dios hace tu rostro fuerte

Maricela Ortiz

Maricela Ortiz

Maricela Ortiz | ACTUALIZADO 12.01.2015 - 6:32 pm

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Dios cuando llama capacita,  y nos prepara para ocupar el área prevista para su propósito. Cuando es él que llama, el Espíritu Santo se encarga de que se lleve a cabo su voluntad,  es la razón, por la que debemos pedir  que seamos guidados por él.
   
Por ejemplo, Ezequiel tenía una misión de llevar la palabra al pueblo de Israel, pero esta población estaba sumida en el dolor, en la amargura y sobre todo a la rebeldía, pero él debía aprender a no permitir que sus emociones se involucren, Dios por eso le advierte: “Mas la casa de Israel no te querrá oír, porque no me quiere oír a mí; porque toda la casa de Israel es dura de frente y obstinada de corazón.” Ez. 3:7
   
Puede usted imaginarse en esa misión, no fue fácil, sin embargo, Ezequiel lo hizo, él fue obediente a Dios, por eso Dios lo preparó, leamos: “He aquí yo he hecho tu rostro fuerte contra los rostros de ellos, y tu frente fuerte contra sus frentes.
   
Como diamante, más fuerte que pedernal he hecho tu frente; no los temas, ni tengas miedo delante de ellos, porque son casa rebelde.” Ez. 3:8-9
  
Cuando Dios le dice: “no los temas” podemos entender que,  de ante mano Dios nos capacidad para encarar lo que debemos enfrentar. Dios no pone carga que no podamos llevar.  Dios le dijo a Ezequiel: “Hijo de hombre, toma en tu corazón todas mis palabras que yo te hablaré, y oye con tus oídos.” Ez. 3:10

Debemos aprender a oír la voz de Dios y guardar sus mandamientos y ordenanzas en el corazón, éste es un depósito, es en él que se almacena la palabra de Dios.  Es la importancia de atesorar la palabra, ya que el Espíritu Santo nos redarguye a través de ella.

Por eso es que Dios le dice a Ezequiel, toma en tu corazón todas mis palabras. Cada palabra verdadera que oímos, escuchamos o leemos debe ser guardada en nuestro corazón.

Cuando no se escucha la palabra, se corre el riesgo de no resistir las pruebas o desiertos y de no responder ni entran al fuego, porque se tiende a endurecerse por los sufrimientos.  En esta escena no se halla consuelo, porque lo único que sostiene es la palabra de Dios.
   
Cuando nos apropiamos de la palabra y además somos enviados se produce una guerra en los aires; precisamente, porque nuestra lucha no es contra carne, ni sangre, sino contra principados y huestes de las tinieblas. Pero por más afiladas que estén las espadas de los demonios, hay una sola espada que destruye todo principado, la Biblia, la palabra de Dios, escrita para arrancar, plantar y derribar fortaleza.

Ezequiel es apercibido por Dios, leamos: “Y ve y entra a los cautivos, a los hijos de tu pueblo, y háblales y diles: Así ha dicho Jehová el Señor; escuchen, o dejen de escuchar. Y me levantó el Espíritu, y oí detrás de mí una voz de gran estruendo, que decía: Bendita sea la gloria de Jehová desde su lugar.” Ez. 3:11-12
   
Este mensaje lo recibió Ezequiel en el Espíritu donde Dios habló y él oyó. Ezequiel pudo ver la gloria de Dios, mientras oía su voz y él como todo hijo obediente, escuchaba. Es su palabra la que nos hace fuerte.


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