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Temas cristianos

Zorayda Aybar

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Zorayda Aybar | ACTUALIZADO 22.03.2010 - 9:17 am

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Presentamos para su reflexión el tema mencionado más arriba como un regalo especial de Naw-Rúz, el Año Nuevo bahá’í:

La verdad pura, muy pura, pensamos, es que… un sólo hombre que posee Sabiduría más elevada, que encierra una Verdad espiritual desconocida hasta entonces, es no sólo más poderoso que diez o diez mil hombres que no poseen esa Verdad, sino más poderoso que todos los hombres que no la poseen, y sobresale de entre ellos con un poder casi etéreo, angelical, como una espada sacada de la armería del mismo cielo, sin que haya escudo ni fortaleza de bronce que al final puedan resistirla. 
Thomas Carlyle – Signs of the Times

15.  ¡Oh tú, cautiva  del  amor de Dios!  La carta que escribiste en el momento de tu partida ha sido recibida. Ella me proporcionó alegría; y es mi esperanza que tu vista interior se abra de par en par, para que sea descubierta la esencia misma de los misterios divinos.

Comenzaste tu carta con una frase bendita: ¡Yo soy cristiana!" ¡Oh, si todos fuesen realmente cristianos!
Es fácil ser un cristiano de palabra, pero es difícil serlo realmente. En la actualidad, (¿1917?) alrededor de quinientos millones de almas son cristianas, pero el verdadero cristiano es muy raro; es aquella alma en cuyo donoso rostro reluce el esplendor de Cristo, y que manifiesta las perfecciones del Reino; este es un asunto de gran importancia, ya que ser cristiano es encarnar todas las excelencias que existen. Yo espero que tú también llegues a ser una verdadera cristiana. Alaba a Dios, pues al fin, por medio de las enseñanzas divinas, has obtenido tanto vista como perspicacia en grado sumo, y te has arraigado firmemente en la certidumbre y la fe. Es mi esperanza que otros también lleguen a adquirir ojos iluminados y oídos atentos, y alcancen la vida sempiterna; que estos numerosos ríos, cada uno fluyendo separadamente por distintos cauces, encuentren su curso de regreso al mar que los circunda, y se fusionen y se eleven formando una única ola  de ondulante unión; que la unidad de la verdad, mediante el poder de Dios, haga que estas diferencias ilusorias se desvanezcan. Esto es lo esencial, pues si se logra la unidad, todos los demás problemas desaparecerán por si mismos. 

¡Oh tú honorable dama!  Según las enseñanzas divinas, en esta gloriosa dispensación no deberíamos menospreciar a nadie ni llamarle ignorante, diciéndole: "Tú no conoces y yo sí conozco."  Más bien deberíamos mirar a los demás con respeto, y al tratar de explicar y demostrar algo, deberíamos hablar como si estuviésemos investigando la verdad, y decir: "He aquí, ante nosotros, estas cosas. Investiguemos para determinar dónde y en qué forma puede hallarse la verdad." El maestro no debería considerarse a sí mismo instruido, y a los demás ignorantes. Tal pensamiento engendra orgullo, y el orgullo no conduce a ejercer influencia. El maestro no debe ver en sí mismo ninguna superioridad; debería hablar con la mayor bondad, con humildad y modestia, pues tales palabras ejercen influencia y educan las almas.

¡Oh tú, honorable dama! Todos y cada uno de los Profetas han sido enviados a la tierra con un único propósito; por esto Cristo Se hizo manifiesto, por esto Bahá’u’lláh elevó el llamado del Señor: que el mundo del hombre llegue a ser el mundo de Dios; que este dominio inferior llegue a ser el Reino; esta oscuridad, la luz; esta perversidad satánica, todas las virtudes del cielo, y que la unidad, la hermandad y el amor sean conquistados por toda la raza humana, que reaparezca la unidad orgánica y las bases de la discordia sean destruidas, y que la vida eterna y la gracia sempiterna se conviertan en la cosecha de la humanidad. 
 
¡OH tú, honorable dama!  Observa el mundo a tu alrededor: aquí, la unidad, la atracción mutua, la reunión, engendran la vida; mas la desunión y la falta de armonía significan la muerte. Cuando consideres todos los fenómenos verás que todas las cosas creadas han venido a la existencia a través de la combinación de muchos elementos, y que una vez que esta combinación de elementos es disuelta y esta armonía de componentes es dispersada, la  forma de vida se destruye.  

¡Oh tú, honorable dama!  En los ciclos del pasado, aunque fuera establecida la armonía, no obstante, debido a la falta de medios, no podría haberse logrado la unidad de la  humanidad.
Los continentes permanecían absolutamente incomunicados; es más, aun entre los pueblos de un mismo continente, la asociación y el intercambio de ideas eran poco menos que imposibles. Por tanto, la intercomunicación, el entendimiento y la unidad entre todos los pueblos y linajes de la tierra, eran inalcanzables. En este día, no obstante, los medios de comunicación se han multiplicado y los cinco continentes de la tierra, virtualmente se han convertido en uno solo. Y para todos es ahora fácil viajar a cualquier país, asociarse e intercambiar puntos de vista con sus pueblos, y familiarizarse, a través de las publicaciones, con las condiciones, las creencias religiosas y los pensamientos de todos los hombres. De igual modo, todos los miembros de la familia humana, ya sean pueblos o gobiernos, ciudades o aldeas, han llegado a ser cada vez más interdependientes. A nadie le es posible ya bastarse a sí mismo, por cuanto los lazos políticos unen a todos los pueblos y naciones, y los vínculos del comercio y la industria, de la agricultura y la  educación, se fortalecen cada día más. En consecuencia, la unidad de toda la humanidad puede ser alcanzada en este día.

En verdad, éste no es sino de los portentos de esta edad maravillosa, de este glorioso siglo. De ello han sido excluidas todas las edades del pasado, pues este siglo –el siglo de la luz- ha sido dotado con una gloria, una iluminación y un poder únicos y sin precedentes. De esto el milagroso despliegue de una nueva maravilla cada día. 

Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá.


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