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Entre usted y yo...

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La Traviata

Luisa Rebecca Valentín | ACTUALIZADO 17.04.2019 - 5:32 pm

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"Cuando tú te hayas ido, me envolverán las sombras, cuando tú te hayas ido con mi dolor a solas, evocaré este idilio de las azules horas, cuando tú te hayas ido, me envolverán las sombras.  Y en la penumbra vaga de mi pequeña alcoba, donde una tibia tarde me acariciabas toda,   te buscarán  mis brazos, te buscará mi boca y aspiraré en el aire aquel olor a rosas. Cuando tú te hayas ido, me envolverán las sombras."  Rosario Sansores y Carlos Brito Benavides.

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Y la gente volviéndose loca buscando fotos en la Catedral de París, para certificar que estuvieron ahí.  Solo por eso... Hasta del internet las han sacado!

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El gran acontecimiento a nivel cultural hasta el momento, ha sido la puesta en escena de "La Traviata", una de las creaciones de Verdi.  Asistí a la gala, posteriormente se realizaron dos funciones.  Bajo la dirección musical del maestro José Antonio Molina, producción y escenografía de Fidel López, dirección escénica de Eduardo Villanueva, dirección coral de Elioenai Medina, vestuario de Leonel Lirio y coreografía de Carlos Veitía, la soprano María Katzarava, David Astorga y Pedro Carrillo en los roles protagónicos crearon una mágica noche.

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Ambientada en el país, en los años 50, esta versión de La Traviata destaca la calidad del barítono Pedro Carrillo, en el papel de Giorgio Germont, su temple en el escenario, su educada y mesurada voz, crearon las condiciones para una excelente representación, no así en el caso específico del tenor David Astorga, en el rol de Alfredo, cuya voz se quedó ahogada entre las notas de la orquesta, sin las grandes luces esperadas, con una escasa proyección.

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Impresionante la participación de María Katzarava, soprano en el rol de Violeta.  Aunque salta a la escena mundial en el 2008, apenas 11 años atrás, esta enérgica mujer, maneja a la perfección los tonos agudos y graves, sin perder en ningún momento o postura física, su torrente vocal, su histrionismo y su fuerza expresiva.  Llenó cada recóndito lugar de la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional con su potente voz, su dramatismo y su intensidad retumbando y llenando de sentimiento cada palmo.  

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Esta Violeta, corpulenta y sonora, no me hizo en ningún momento extrañar a la escuálida mujer que muere de tuberculosis, lánguida y abandonada, como la ideó Verdi en su majestuosa obra.  Ella llenó de honda pena las almas de un público que se puso de pie para reverenciarla, junto a todo el elenco.



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