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Las marchas verdes: una respuesta

Ramón Antonio Veras (Negro) | ACTUALIZADO 20.03.2017 - 11:26 pm

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Introducción

a.- En sociedades humanas como la nuestra en la que convergen diferentes clases    sociales,   éstas intervienen en cualquier actividad motivadas por sus intereses.  Sus actos encierran provecho material o ideal, tangible o espiritual. En cada ocasión en su accionar está la causa, el fundamento, el por qué ejecutan o dejan de realizar algo.    
 
b.- Las personas físicas no actúan en política por atracción ni comiquerías, sino por lo que les llega a su conciencia como una especie de mandato, y responden como contestación a lo que en su medio circundante las mueve a proceder.  

c.- Es pura ilusión creer que un individuo decide intervenir en una actividad por simple deseo, así por así; él   tiene en el fondo de su alma la esencia de lo que le lleva a expresarse en una forma u otra, a comportarse pasiva o activamente, contemplativo o dinámico, platónico o inquieto.

d.- La presencia de personas en un acto público, sin importar su naturaleza, es su respuesta a lo que en su interior las llama a presentarse, a cumplir con el dictado, con lo que su interés las motiva hacer, independientemente de quienes las hayan convocado.

I.- Los que marchan, ¿por qué   lo hacen?         
1.- Amplios sectores de la sociedad dominicana están respondiendo a un llamado a la protesta cívica contra la impunidad y la corrupción.  Evidentemente que no todos los que acuden a la citación tienen igual motivación.  La razón por la cual cada quien decide aceptar el llamamiento es un asunto de conciencia y quizás por instinto.

. En las marchas verdes están presentes hombres y mujeres del pueblo, indignados por la degradación ética y moral que se encuentra hoy la sociedad dominicana, y la infuncionalidad de las instituciones. Manifiestan su enojo compartiendo un objetivo que mueve, une voluntades muy diversas.

3.- En las marchas verdes caminan unidos diferentes grupos de la sociedad dominicana, hastiados de la criminalidad, la delincuencia, el crimen organizado y la indiferencia en torno a todo lo que significa violación a la ley. Hay irritación porque se observa una especie de dejar hacer a los delincuentes.

4.- Transitan por calles y avenidas, se mueven en las marchas verdes quienes se sienten vivamente lesionados en sus condiciones materiales y espirituales de subsistencia, porque la opresión social les enfurece al no ver resueltos sus problemas cardinales. La miseria atiza, incomoda a no pocos dominicanos y dominicanas.

5.- En las marchas verdes   recorren amplios espacios, quienes se lanzan en retirada unidos; los que quieren vivir en un país en el que se demuestre con hechos que el pueblo merece disfrutar de un ambiente libre de lacras sociales que se comportan intocables amparadas en la ausencia de sanción.

6.- La trayectoria de las marchas verdes la sigue el abanico de fuerzas políticas y sociales con vocación democrática que en el país han estado presentes cuantas veces ha sido necesario su concurso, el aporte solidario y cívico.

7.- En cualquier lugar del mundo donde impera un ordenamiento económico y social como el que lamentamos padecer, es propicio para que los que están lesionados, la gran mayoría del pueblo, estén prestos, listos para manifestar su repudio. Nadie se siente bien santificando lo que le genera irritación.

 8.- Sin mucho esfuerzo se moviliza, se integra a las marchas verdes, el individuo enojado, o de cualquier forma encolerizado por los padecimientos, desazón, pesadumbre, en fin, por el viacrucis que le acongoja, aflige y le llena de pesares. Es imposible dar demostración de gozo, de placer ante un sistema que invita al enfado, pone a los de abajo de banderillas.

9.-No hay que ser un cientista de la política, ni un sabihondo del comportamiento humano, para saber que nuestro país ha sido,  históricamente, víctima de las maquinaciones elaboradas por grupos políticos que no han hecho otra cosa que empobrecerlo, arruinarlo; elaborar fórmulas para hambrientos esquilmarlo e invitarlo a la tranquilidad, pasividad y tolerancia.

10.- En la vida de los pueblos llega un momento en el cual la resignación ya no es posible, porque ocurren hechos que sirven de acicate, estimulan, motivan a demostrar que no están dispuestos a continuar pacientes aguantando encogidos de hombros.

11.- El llamado a la movilización contra la impunidad y la corrupción, ha concitado, inspirado, atraído y despertado a miles y miles de hombres y mujeres sensibles, la llama estaba ahí, solo faltaba que alguien, ante el resplandor, soplará la mecha, y por eso están las masas infladas, levantando sus consignas, revelando que han decidido darles riendas sueltas, luz verde a sus hasta ahora frenados enfados.

12.- Aquí no es necesaria para las movilizaciones la voz de un mesías, o un enviado especial, porque estamos viviendo en un basurero social, marcado por hambre, miseria, insalubridad, desigualdad, analfabetismo y degradación ética y moral.

13.- Está marchando lo que en nuestro país no se ha contaminado por la corrupción pública y privada, ni está dispuesto a continuar tranquilamente inhalando la hediondez y la pestilencia que constituye el ambiente donde estamos. Es de esperar que estos movimientos se conviertan en el motor que haga posible eliminar este orden establecido que,  por generar desigualdad de oportunidades para la mayoría del pueblo, tiene más de vertedero, de pocilga, que de un lugar donde pueden habitar personas sanas, dignas, honradas y virtuosos.

II.- Marchando unidos en la diversidad
14.- Si es cierto que alrededor de las marchas verdes están fuerzas activas y conscientes de nuestra sociedad que actúan por la sanidad del país, no es menos cierto que también hacen acto de presencia los oportunistas, sinvergüenzas y descarados de toda laya.

15.- No podemos desconocer que la sociedad dominicana es heterogénea, caracterizada por la multiplicidad de grupos sociales, pluralidad de conductas, diversidad de intereses, disparidad de criterios, en fin, es una mezcla de clases, sectores y capas sociales que responden a las más variadas conductas. En las marchas verdes hay un hibrido, una combinación de lo que en su conjunto es el pueblo dominicano.

16.- Nadie puede pensar ni esperar que en las marchas verdes se muevan químicamente puros, participantes idénticos en propósitos e iguales en su proceder. La homogeneidad no existe ni en   el seno de la familia de más consonancia sanguínea, y mucho menos en una sociedad integrada por seres humanos con motivaciones desiguales.

17.- En los movimientos de masas, y las marchas verdes es uno de ellos, a los participantes no se les requiere documentos de identidad ni se le cuestiona su criterio ideológico. Pura y simplemente se presume que aquel que responde a la convocatoria se identifica con el mensaje de los convocantes.

18.- En el caso específico de las marchas verdes se invita a que participe toda persona que no esté de acuerdo con que en el país siga imperando la impunidad, y el fenómeno de la corrupción se mantenga como una lepra arropando a todos los órganos e instituciones del Estado.

19.- Un movimiento de masas difiere de un movimiento democrático, porque éste tiene como línea política defender reivindicaciones progresistas que interesan a trabajadoras y trabajadores, a las capas medias, a la burguesía nacional, a los afectados  por el sistema.

Reflexiones finales
20.- Activar, moverse, empujar para que lo mejor de nuestro pueblo haga acto de presencia en la plaza pública, tome las calles como escenario ideal para demostrar sus quejas justificadas, debe llenar de alegría, regocijo a todos aquellos que aquí   han hecho causa común con las causas justas.

21.- Una vez las masas se acostumbran a llevar sus quejas al seno de la sociedad mediante movilizaciones, se dan a respetar; demuestran alto nivel de entendimiento de lo que les conviene; exhiben claridad en el enfoque de lo que son sus intereses políticos, cívicos o sociales.

22.- Hay que hacer que los buenos y decentes hagan de las movilizaciones, caminatas y marchas, una práctica de sus derechos como ciudadanos y ciudadanas;   un hábito, una costumbre de la protesta contra los abusos; un método de lucha para que la ley y la justicia sean iguales para todas y todos. Recurrir a la usanza del reclamo popular público hace posible construir una vigorosa democracia, que surja de las batallas, bregas y forcejeos de los que en el país desean vivir en un ambiente de verdadera institucionalidad.

23.- En la coyuntura actual, con relación a las marchas verdes,  las mujeres y hombres que aquí tienen  convicciones democráticas, lo que deben apreciar, independientemente de  la justeza de luchar contra la impunidad  y por el cese de la corrupción, es que amplios sectores sociales se han ejercitado, han decidido movilizarse, algo que no ejecutaban desde hace varios años.

24. – Tiene gran significado político cuando las masas populares se ejercitan en busca de objetivos cívicos, económicos o sociales, porque se educan al margen de las acciones politiqueras que solo interesan a los que están en la actividad política para lucrarse. No es lo mismo la práctica social para alcanzar el adecentamiento de la vida pública, que caravanear en los procesos electorales para que resulte electo un truhan.

25.- La integración de diversos sectores de la población a las marchas verdes en rechazo a la impunidad y a la corrupción, en la medida que se manifiestan por el adecentar el medio donde vivimos, también demuestran interés de tomar distancia de los partidos tradicionales. Al independizarse hacen posible que se pueda crear una democracia diferente a la actual que no sirve, o sirve muy poco.

26.- Las masas populares al desligarse de las orientaciones negativas de los politiqueros, pueden trillar su propio camino y destino. Al echarse andar, levantando su vuelo las víctimas de la opresión social dejan de estar sometidas, atadas a organizaciones que en nada contribuyen a la institucionalización y a limpiar el medio de las lacras que lo afectan con su sucio proceder.

27.- Lo que se está viendo en las marchas verdes es que ciudadanas y ciudadanos, ya cansados de las organizaciones políticas tradicionales que les han engañado, han decidido confiar en sus propias fuerzas, en su decisión de comenzar a actuar con eficacia; y acabar así con la politiquería infecunda, inoperante e ineficiente.

28.- Las marchas verdes pueden servir para lograr no solamente los puntos que se levantan censurando la deshonestidad, la indecencia, lo impúdico y lo indecoroso, sino también alcanzar otras demandas de contenido económico y social. La movilidad genera poder en las masas, las colocan a la ofensiva, demostrando su determinación de acabar con la sujeción, y el control en su contra.




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